Thor: Ragnarok y la magia del cine

Normalmente posteo críticas de algunas películas que he visto recientemente, sobre lo que pienso que está bien o mal, por qué y si me gustó o no. Sin embargo, hoy quería cambiar el tema un poquito: En este post, voy a hablar de Thor: Ragnarok, pero no voy a criticarla. Solo voy a hablar de cómo me sentí viéndola.

El viernes pasado fue el estreno de esta película aquí en España, y fui al cine a verla. Por si no lo sabías, me pierden las películas de superhéroes, y estos años he disfrutado ampliamente de esta situación. He tenido películas de superhéroes casi cada año (si no, todos los años) desde 2008 o así. E incluso criticándolas, como he dicho, desde luego que no voy al cine a verlas por su calidad. Voy a verlas por lo que suponen para mí, que, en cierto modo, es el motivo primario del cine en sí mismo.

Desde el inicio, las películas de Thor han sido un elemento muy especial, ya que su protagonista, el Dios del Trueno, tiene un enorme parecido con una persona muy querida por Arachne. Ella, Arachne, para aquellos que no lo sepáis, es uno de mis personajes de rol “a largo plazo, y he “vivido” muchas aventuras y disfrutado de un buen número de divertidas situaciones, así como de un argumento genial y tenso como su vida, desde 2010 (más o menos). Ya que ella fue mi primer personaje de rol “a largo plazo”, y este “personaje parecido a Thor” es su primer amor, es casi una cálida sensación para mí verle en las películas de Thor: los sentimientos van a primera fila.

Imagina que has leído un libro que es realmente especial para ti. Y, de pronto, ¡hacen una película del libro! Increíble, ¿verdad? Bueno, en la mayoría de los casos, cualquier parecido con el libro original es pura coincidencia, y nuestras expectativas se estampan contra el suelo, rompiéndose en miles de tristes piezas. Sin embargo, imagina ir al cine, ver la película y… encontrar un retrato del libro tal que parece que alguien ha copiado tus pensamientos y tu imaginación y los ha puesto en pantalla.

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El pasado viernes, en el cine, viendo esta película, me sentí movida por las escenas, las situaciones y las relaciones entre personajes. Me sentí como si aquella “gente” fuese real, y, en ciertas partes de la película, de veras que vi aquella persona amada por Arachne. No digo esto como si fuese una adolescente que cree que todo fue creado para ella. Sin embargo, sí podría estar diciendo que era tan sumamente parecido a aquellos tiempos de rol que se sentía como si algún dios de humor retorcido me hubiese enseñado esas escenas para hacerme sentir… feliz. Como si, finalmente, pudiese ver a aquellos personajes moviéndose “como gente real”.

Con esto en mente, no digo que Thor: Ragnarok sea ni una buena ni una mala película. Sin embargo, lo que quiero decir es que disfruté de la película por los sentimientos que creó en mí. Y pienso que esa es la magia y lo único necesario de cualquier pieza de arte, independientemente de su plataforma: hacernos felices, mostrarnos algo genial y crear algo especial para nosotros. No te avergüences porque te guste una película concreta o un libro (o cualquier tipo de historia) solo por lo que te hace sentir, porque ese es el motivo final del arte.

P.D.: Gracias a Disney por mostrarnos a Thor con pelo corto, a Cate Blanchett como una Hela gótica y todas aquellas imágenes en stop motion <3.

 

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